Cuentos para pensar Rincones

El buscador

15 mayo, 2016
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Conocí a Jorge Bucay (medico psiquiatra, psicotrapeuta gestaltico, escritor…) y Julia Atanasópulo (psicoterapeuta gestaltica) en un taller terapéutico de fin de semana, al que asistí con unas amigas, en un pueblecito de Granada (hace unos cuantos años, 13-14???…..),  luego realice otro taller con él (siempre quedan cosas pendientes por trabajarse de uno mismo), en un pueblecito de Valencia. Tanto Jorge, como Julia, son dos personas  muy experimentadas en el trabajo terapéutico,tanto a nivel grupal, como individual, además de, en el trabajo de crecimiento personal, el trabajo terapéutico de parejas, etc. Estar con ellos un fin de semana, unas horas, unos días….es todo un aprendizaje personal.

El crecimiento personal es un proyecto de vida, un proyecto a largo plazo, pero que uno o una, va aprendiendo con pequeñas pinceladas de realidad y de cuestionamiento, día a día.

Jorge Bucay trabaja la terapia gestaltica, y para ello, utiliza muchas técnicas muy interesantes, la utilización de metáforas y cuentos son una especialidad suya, siempre regala un cuento al final de las sesiones. Jorge Bucay, ha escrito muchos libros, entre ellos, cuentos para pensar. Los cuentos me parecen un regalo terapéutico maravilloso …y gracias, en parte a él, actualmente los suelo utilizar mucho a nivel profesional

Hoy os dejo este cuento, no es de Jorge Bucay, pero lo compartió él, y me parece que nos deja, como siempre, una buena lección de vida.

 

EL BUSCADOR
Hace dos años (cuenta Jorge Bucay), cuando terminaba una charla para un grupo de
parejas conté, como suelo hacer, un cuento a manera de regalo
de despedida. Para mi sorpresa, esta vez, alguien del grupo pidió
la palabra y se ofreció a regalarme una historia. Ese cuento que
quiero tanto, lo escribo ahora en memoria de mi amigo Jay
Rabon.
Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como buscador…
Un buscador es alguien que busca, no necesariamente es alguien que
encuentra.
Tampoco esa alguien que, necesariamente, sabe lo qué es lo que está
buscando, es simplemente para quien su vida es una búsqueda.
Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había
aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar
desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.
Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos,
Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero
le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había
un montón de árboles, pájaros y flores encantadores; la rodeaba por completo
una especie de valla pequeña de madera lustrada.
…Una portezuela de bronce lo invitaba a entrar.
De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de
descansar por un momento en ese lugar.
El buscador traspaso el portal y empezó a caminar lentamente entre las
piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.
Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso
multicolor.
Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las
piedras, aquella inscripción…:
Abedul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días
Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente
una piedra, era una lápida.
Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese
lugar.
Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado
también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:
Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses, y 3 semanas
El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.
Una por una, empezó a leer las lápidas.
Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del
muerto.
Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo
había vivido apenas sobrepasaba 11 años…
Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.
El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.
Lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún
familiar.
– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué
cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿Por qué tantos niños muertos
enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta
gente, que lo ha obligado a construir un cementerio de chicos?!!!
El anciano sonrió y dijo:
– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos
una vieja costumbre. Le contaré…
Cuando un joven cumple quince años sus padres le regalan una libreta, como
ésta que tengo aquí, colgando del cuello.
Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta
intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella:
a la izquierda, qué fue lo disfrutado…
a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.
Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión
enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y
media?…
Y después… la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso,
¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana?…
¿Y el embarazo o el nacimiento del primer hijo…?
¿y el casamiento de los amigos…?
¿y el viaje más deseado…?
¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…?
¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…
¿horas?, ¿días?…
Así… vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos… cada
momento.

Cuando alguien se muere,
es nuestra costumbre,
abrir su libreta
y sumar el tiempo de lo disfrutado,
para escribirlo sobre su tumba,
porque Ese es, para nosotros,
el único y verdadero tiempo VIVIDO.

 

Profundo cuento, a que si?……La verdad es que si lo pensamos, seria interesante tener una libreta de momentos felices vividos, porque los hay, y si no los hay muchos…habrá que buscarlos. Pero muchas veces, nos pesan mucho más todos los recuerdos de malas experiencias vividas, este cuento nos muestra que al final, sólo lo que hemos vivido, siendo realmente felices, esos pequeños-grandes momentos, deben ser los que marquen nuestra vida, los que guíen nuestro camino. Un camino en el que encontraremos piedras, pero también preciosas flores.

Igual es cuestión de empezar hoy, de empezar a anotar esos momentos que nos han hecho despertar una sonrisa, un momento de felicidad…y pararnos para darnos cuenta de que ese, es el único y verdadero tiempo vivido.

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