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Capturando Para To2

Cuando mucho es demasiado

13 abril, 2016
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A modo de reflexión, pues creo que en ocasiones necesitamos parar un momento y reflexionar sobre, que entorno les estamos proporcionando a nuestros hijos, (con todo el amor de nuestro corazón, y pensando siempre que hacemos lo mejor para ellos, eso ante todo), pero en muchas ocasiones dejándonos llevar por una sociedad marcadamente «excesiva», dónde cuanto más hagamos, más tengamos, más seamos…mejor y más «considerados» parece que estamos. Aunque, en muchas, muchas ocasiones, la realidad es bien distinta, pues esa carga de excesos nos pasa factura a grandes y pequeños, y eso es lo que quería compartir hoy, con vosotros, para continuar con el conocimiento sobre la salud en este caso familiar……..Hace un tiempo leí un artículo muy interesante sobre el trabajo de Kym Payne que hablaba de, como los ritmos de hoy en día, están afectando a la vida de nuestros hijos, como en ocasiones les generan un exceso de estrés. Esa sistematización de sus vidas (donde todo está cronometrado, actividades extraescolares, deberes, estudiar….) puede desarrollar comportamientos obsesivos en los menores y anular, en algunas ocasiones, la creatividad, la imaginación, al no dejarle espacio es sus vidas para desarrollarla.

Tenemos que valorar si realmente les estamos proporcionando un entorno sano a nuestros hijos desde el punto de vista mental y emocional. Y sobre todo valorar si podemos y debemos compensar ese exceso de ritmos, complementándolo con espacios para desarrollar la creatividad, el juego simbólico, la imaginación…

Y ¿cómo lo podemos hacer?

En este sentido, Kim Payne, profesor y orientador estadounidense (además de autor del libro la crianza con simplicidad) , llevó a cabo un experimento muy interesante en el cual simplificaron la vida de los niños diagnosticados con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad. Al cabo de tan solo cuatro meses, el 68% de estos pequeños habían pasado de ser disfuncionales a ser clínicamente funcionales. Además, mostraron un aumento del 37% en sus aptitudes académicas y cognitivas, un efecto que no pudo igualar el medicamento más prescrito para este trastorno.

¿Cuándo mucho se convierte en demasiado?
A inicios de su carrera, este profesor trabajó como voluntario en los campos de refugiados, donde tuvo que lidiar con niños que sufrían estrés postraumático. Payne apreció que estos niños se mostraban nerviosos, hiperactivos y continuamente expectantes, como si algo malo fuera a pasar de un momento a otro. También eran extremadamente cautelosos ante la novedad, como si hubieran perdido esa curiosidad innata de los niños.

Años más tarde, Payne apreció que muchos de los niños que necesitaban su ayuda mostraban los mismos comportamientos que los pequeños que provenían de países en guerra. Sin embargo, lo extraño es que estos niños vivían en Inglaterra, por lo que su entorno era completamente seguro. Entonces, ¿por qué mostrarán síntomas típicos del estrés postraumático?

Payne piensa que aunque los niños de nuestra sociedad están seguros desde el punto de vista físico, mentalmente están viviendo en un entorno similar al que se produce en las zonas de conflictos armados, como si su vida peligrara. Estar expuestos a demasiados estímulos provoca un estrés que se va acumulando y obliga a los niños a desarrollar estrategias para sentirse a salvo.

De hecho, los niños de hoy están expuestos a un flujo constante de información que no son capaces de procesar. Se ven obligados a crecer deprisa ya que los adultos colocan demasiadas expectativas sobre ellos, haciendo que asuman roles que en realidad no les corresponden. De esta manera, el inmaduro cerebro de los niños es incapaz de seguir el ritmo que impone la nueva educación, y se produce un gran estrés, con las consecuencias negativas que este provoca.

Los cuatro pilares del exceso

Como padres, normalmente queremos darle lo mejor a nuestros hijos. Y pensamos que si un poco está bien, más será mejor. Por eso, ponemos en práctica un modelo de hiperpaternidad, nos hemos convertido en padres helicóptero (Los padres helicóptero son aquellos que se preocupan excesivamente por sus hijos, hasta el punto que su relación llega a ser tóxica. Este nuevo modelo de crianza implica que los progenitores asumen un rol hiperprotector, quieren resolver todos los problemas por sus hijos, y desean tomar todas las decisiones, incluso las más intrascendentes (no les permiten resolver conflictos cotidianos, dándoles siempre ellos las soluciones, les sirven de agenda a sus hijos, discuten con los profesores ante una negativa o una reprimenda que les han hecho a sus hijos…). Su objetivo en la vida es lograr que su hijo sea brillante y que logre todo lo que desea, pero sin que tenga que esforzarse, sin que asuma la responsabilidad de sus actos, pues, esos hijos, siempre responsabilizaran al otro, a la madre, al profesor, al compañero,…. En la práctica, es como si estos padres siempre estuvieran sobrevolando a sus hijos, listos para emprender una operación de rescate cuando noten el más mínimo signo de «peligro», sin permitirles madurar, y desarrollarse de una forma sana.

Pero, por si no fuera suficiente, en ocasiones, llenamos sus habitaciones de libros, dispositivos y juguetes. De hecho, se estima que los niños occidentales tienen, como media, 150 juguetes. Es demasiado, y cuando es demasiado, los niños se sienten abrumados. Como resultado, juegan de manera superficial, pierden el interés fácilmente por los juguetes y por su entorno y no desarrollan su imaginación. Cada diez minutos, pueden cambiar de juguete, no profundizan en el juego, si surge una dificultad con algún juego, lo abandonan rápidamente y se van a por otro, están sobre estimulados.

Por eso, Payne afirma que los cuatro pilares del exceso sobre los cuales se erige la educación actual de los niños son:

 

1. Demasiadas cosas
2. Demasiadas opciones
3. Demasiada información
4. Demasiada velocidad

Cuando los niños se sienten abrumados pierden el valioso tiempo de inactividad que necesitan para explorar, reflexionar y liberar las tensiones. Demasiadas opciones erosionan la felicidad, robando a los niños el regalo del aburrimiento, que fomenta la creatividad y el aprendizaje autodirigido. Los padres, en muchas ocasiones, nos convertimos en animadores o monitores de ocio y tiempo libre, programando miles de actividades para el tiempo libre de nuestros hijos, con la intención de que no se aburran, de que «aprovechen» el tiempo, etc, cuando aburrirse, tiene una parte muy sana en el individuo.

En consecuencia y progresivamente, la sociedad ha ido erosionando la maravilla que implica la infancia, hasta tal punto que algunos psicólogos se refieren a este fenómeno como “la guerra contra la infancia”. Basta pensar que en las dos últimas décadas los niños han perdido una media de 12 horas semanales de tiempo libre, y las empleamos en deberes, actividades extraescolares, estudiar y preparar exámenes, etc. Incluso hasta los colegios y las guarderías han asumido una orientación más académica.

Entonces, nosotros, como padres, ¿cómo podemos proteger a nuestros hijos en esta nueva sociedad «excesiva» que se ha creado?

 

Simplificar la infancia, es la respuesta según Payne.

La vía para proteger el equilibrio mental y emocional de los niños consiste en educar en la simplicidad. Para lograrlo es necesario:

No sobrecargarles con actividades extraescolares.
Dejarles tiempo libre para que jueguen, preferentemente con otros pequeños o con juguetes que puedan estimular su creatividad.
Pasar tiempo de calidad con ellos, ese es nuestro regalo.
Crear un momento de tranquilidad en sus vidas donde puedan refugiarse del caos cotidiano y aliviar el estrés.
Asegurarse de que duermen lo suficiente y descansan.
Reducir la cantidad de información, asegurándose de que esta sea comprensible y adecuada a su edad, lo cual implica hacer un uso más racional de las nuevas tecnologías.
Reducir el número de juguetes. Y que lo que tengan estimulen su fantasía.
Disminuir las expectativas sobre ellos, dejándoles simplemente, que sean niños

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Hoy pintamos mandalas

3 abril, 2016
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Hace años descubrí las mandalas, y desde que mis hijas aprendieron a coger un lápiz de color, pintan mandalas. La palabra mandala proviene del sánscrito, y significa Círculo sagrado. Existen muchas páginas en internet donde explican, detalladamente, los orígenes y los beneficios de pintar mandalas, pero yo no me voy a detener ahí. Las Mandalas las podéis descargar de internet o comprar libros para colorearlas, os dejo el siguiente enlace como ejemplo.

mandalas-2Cuando empezamos en casa a pintar mandalas con las peques, primero con mandalas muy sencillas (para niños de dos años), y luego con círculos y formas geométricas más complejas, observamos como su capacidad de estar centradas y concentradas en el dibujo aumentaba, se respiraba un ambiente relajado, la motricidad fina (el trazo del lápiz de color) mejoraba y eso que algunas mandalas requieren de mucha precisión en el trazado, y se generaba un ambiente familiar muy creativo, además de ser una actividad que podíamos compartir adultos y niños. El ambiente para pintar mandalas lo creas tu mismo, a mi me gusta poner música de fondo, muy flojita, música instrumental, o de sonidos de la naturaleza y encender incienso, pero cada uno debe crear el ambiente en el que se sienta más cómodo.

Las mandalas se pueden pintar de una forma libre (es decir, eligiendo libremente los colores), o guiada (utilizando determinados colores elegidos a conciencia). Se puede pintar la mandala de fuera hacia dentro (es decir, desde lo externo a lo más interno del circulo, se habla de que representa el ir adentrándonos en nuestro interior), o de dentro hacia fuera (abriéndonos a las oportunidades).

Los colores con los que se pintan las mandalas, también tiene un significado, aquí os lo dejo para que tengáis una referencia (aunque ya veréis como según el día, los mandalas se pintan de colores diferentes); el naranja significa vitalidad, autocontrol, confianza en si mismo,; el rojo indica vida, fuerza, vigor,resistencia; el amarillo significa buena salud, simpatía, facilidad de aprender, alegría, receptividad, desarrollo intelecto, sabiduría, creatividad, fuerte carácter; el verde simboliza la armonía y la paz; el azul indica espiritualidad, tranquilidad, relajación, equilibrio emocional, pacifismo; el violeta indica un ser místico, mágico, espiritualidad, inspiración, tolerancia, persona sensible; el blanco simboliza el vació, iluminación, perfección, virtud, templanza y integridad, inocencia, objetividad, empatia, lealtad, y por último el color añil representa felicidad, buena memoria, comunicación, deseo de expresar creatividad, contacto, buenas habilidades de concentración, entusiasmo, deseo de armonía…

En muchos colegios ya se colorean mandalas como una actividad más por sus múltiples beneficios, pues se evidencian desde el ámbito cognoscitivo, afectivo y social, como estimulo del aprendizaje, como medio de expresión, de comunicación, como técnica de relajación, etc.

Como habréis visto las Mandalas y sus beneficios en los niños y en adultos son múltiples, así que ……..a pintar mandalas!!!!!.

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