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Cuentos para pensar

El anillo del rey

12 junio, 2016
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Éste es uno de esos cuentos que podemos utilizar cuando una persona piensa que está al limite, y ya no puede más…..y se dá cuenta de que, la clave de no caer en la desesperación está en combinar la aceptación, y  la serenidad o templanza.

Nada es para siempre, y hoy es el mañana que ayer me preocupaba tanto.

 

El anillo del Rey

Una vez, un rey de un país no muy lejano reunió a los sabios de su corte y les dijo:
– «He mandado hacer un precioso anillo con un diamante, con uno de los mejores orfebres de la zona. Quiero guardar, oculto dentro del anillo, algunas palabras que puedan ayudarme en los momentos difíciles. Un mensaje al que yo pueda acudir en momentos de desesperación total. Me gustaría que ese mensaje ayude en el futuro a mis herederos y a los hijos de mis herederos. Tiene que ser pequeño, de tal forma que quepa debajo del diamante de mi anillo».

Todos aquellos que escucharon los deseos del rey, eran grandes sabios, eruditos que podían haber escrito grandes tratados… pero ¿pensar un mensaje que contuviera dos o tres palabras y que cupiera debajo de un diamante de un anillo? Muy difícil. Igualmente pensaron, y buscaron en sus libros de filosofía por muchas horas, sin encontrar nada en que ajustara a los deseos del poderoso rey.
El rey tenía muy próximo a él, un sirviente muy querido. Este hombre, que había sido también sirviente de su padre, y había cuidado de él cuando su madre había muerto, era tratado como la familia y gozaba del respeto de todos.
El rey, por esos motivos, también lo consultó. Y éste le dijo:
– “No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje”
– «¿Como lo sabes preguntó el rey”?
– “Durante mi larga vida en Palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una oportunidad me encontré con un maestro. Era un invitado de tu padre, y yo estuve a su servicio. Cuando nos dejó, yo lo acompañe hasta la puerta para despedirlo y como gesto de agradecimiento me dio este mensaje”.
En ese momento el anciano escribió en un diminuto papel el mencionado mensaje. Lo dobló y se lo entregó al rey.
– “Pero no lo leas», dijo. «Mantenlo guardado en el anillo. Ábrelo sólo cuando no encuentres salida en una situación”.
Ese momento no tardó en llegar, el país fue invadido y su reino se vio amenazado.
Estaba huyendo a caballo para salvar su vida, mientras sus enemigos lo perseguían. Estaba solo, y los perseguidores eran numerosos. En un momento, llegó a un lugar donde el camino se acababa, y frente a él había un precipicio y un profundo valle.
Caer por el, sería fatal. No podía volver atrás, porque el enemigo le cerraba el camino. Podía escuchar el trote de los caballos, las voces, la proximidad del enemigo.
Fue entonces cuando recordó lo del anillo. Sacó el papel, lo abrió y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso para el momento…
Simplemente decía “ESTO TAMBIEN PASARÁ”.
En ese momento fue consciente que se cernía sobre él, un gran silencio.
Los enemigos que lo perseguían debían haberse perdido en el bosque, o debían haberse equivocado de camino. Pero lo cierto es que lo rodeó un inmenso silencio. Ya no se sentía el trotar de los caballos.
El rey se sintió profundamente agradecido al sirviente y al maestro desconocido. Esas palabras habían resultado milagrosas. Dobló el papel, volvió a guardarlo en el anillo, reunió nuevamente su ejército y reconquistó su reinado.
El día de la victoria, en la ciudad hubo una gran celebración con música y baile…y el rey se sentía muy orgulloso de sí mismo.
En ese momento, nuevamente el anciano estaba a su lado y le dijo:
– “Apreciado rey, ha llegado el momento de que leas nuevamente el mensaje del anillo”
– “¿Qué quieres decir?”, preguntó el rey. “Ahora estoy viviendo una situación de euforia y alegría, las personas celebran mi retorno, hemos vencido al enemigo”.
– “Escucha”, dijo el anciano. “Este mensaje no es solamente para situaciones desesperadas, también es para situaciones placenteras. No es sólo para cuando te sientes derrotado, también lo es para cuando te sientas victorioso. No es sólo para cuando eres el último, sino también para cuando eres el primero”.
El rey abrió el anillo y leyó el mensaje… “ESTO TAMBIEN PASARÁ”
Y, nuevamente sintió la misma paz, el mismo silencio, en medio de la muchedumbre que celebraba y bailaba. Pero el orgullo, el ego había desaparecido. El rey pudo terminar de comprender el mensaje. Lo malo era tan transitorio como lo bueno.
Entonces el anciano le dijo:
– “Recuerda que todo pasa. Ningún acontecimiento ni ninguna emoción son permanentes. Como el día y la noche; hay momentos de alegría y momentos de tristeza. Acéptalos como parte de la dualidad de la naturaleza porque son la naturaleza misma de las cosas.”

 

A modo de reflexión:

Todo pasa, nada permanece eternamente, al igual que el dia y la noche, al igual que lo bueno, lo malo. Nada es para siempre, y hoy es el mañana que ayer me preocupaba tanto. NO TE PREOCUPES, OCUPATE, cuando lleguen esos malos momentos, o de disfrutar cuando ésten los buenos.

En determinados momentos el mejor recurso es, el silencio mental, ese que nos permitirá reaccionar con serenidad, sin desesperación (como el rey a punto de ser acorralado), esa calma mental nos dejará disfrutar igual, de los buenos momentos (sin pensar que durarán eternamente), y  afrontar con serenidad, con templanza los malos, y sobre todo aceptar que la naturaleza, que parte de la vida es así, que todo pasa, y nada permanece.

 

Cuentos para pensar Rincones

El coleccionista de insultos

23 mayo, 2016
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Hoy no pensaba compartir un cuento con vosotros, pero dadas las circunstancias, permitirme que les regale éste cuento a ellos, también a todos los que viven con insultos su vida, y creen que insultando, provocando, agrediendo….llegaran a alguna parte, «la ignorancia es muy atrevida», ya lo dice el dicho. A esas personas (que manifiestan su odio por las calles, calles vacías, por cierto), que manifiestan su ignorancia, y su pequeñez «humana»……, y que como vivimos en un país libre…..los dejamos salir en manada a que griten…..pero no, no les permitimos entrar en nuestras vidas, a provocar, a truncar sueños, ni a generar odio, rabia, violencia……ohhhhh no señores!!, no se crean tan regalo1importantes, son solo 800 pobres provocadores sin importancia……Y como somos generosos, porque creemos en el amor, en los sueños, en la vida, en la paz, en la humanidad,…….no aceptamos vuestro regalo, gracias, el regalo que queríais darnos, odio, rabia, violencia, agresividad, …..tomadlo….no lo queremos…..(por cierto, os lo hemos envuelto un poco, que estaba muy gris….así nos parece más «cuqui»!!!!!), ahh!! Aqui os dejamos el nuestro, este cuento, es también para vosotros.

El Coleccionista de Insultos:

Cerca de Tokio vivía un gran samurai, ya anciano, que se dedicaba a enseñar el budismo zen a los jóvenes.
A pesar de su edad, corría la leyenda de que era capaz de vencer a cualquier adversario.
Cierto día un guerrero conocido por su total falta de escrúpulos pasó por la casa del viejo. Era famoso por utilizar la técnica de la provocación: esperaba que el adversario hiciera su primer movimiento, y, gracias a su inteligencia privilegiada para captar los errores, contraatacaba con velocidad fulminante.
El joven e impaciente guerrero jamás había perdido una batalla.
Conociendo la reputación del viejo samurai, estaba allí para derrotarlo y aumentar aún más su fama.

Los estudiantes de zen que se encontraban presentes se manifestaron contra la idea, pero el anciano aceptó el desafío.
Entonces fueron todos a la plaza de la ciudad, donde el joven empezó a provocar al viejo:
Arrojó algunas piedras en su dirección, lo escupió en la cara y le gritó todos los insultos conocidos, ofendiendo incluso a sus ancestros.
Durante varias horas hizo todo lo posible para sacarlo de sus casillas, pero el viejo permaneció impasible. Al final de la tarde, ya exhausto y humillado, el joven guerrero se retiró de la plaza.

Decepcionados por el hecho de que su maestro aceptara tantos insultos y provocaciones, los alumnos le preguntaron:

-¿Cómo ha podido soportar tanta indignidad? ¿Por qué no usó su espada, aun sabiendo que podría perder la lucha, en vez de mostrarse como un cobarde ante todos nosotros?

El viejo samurai repuso:

-Si alguien se acerca a ti con un regalo y no lo aceptas, ¿a quién le pertenece el regalo?
-Por supuesto, a quien intentó entregarlo -respondió uno de los discípulos.

-Pues lo mismo vale para la envidia, la rabia y los insultos, el odio, añadió el maestro-. Cuando no son aceptados, continúan perteneciendo a quien los cargaba consigo.

Consideremos;
¿Qué pasaría si no cediéramos a provocaciones, insultos, humillaciones, ….que pasaría? No podemos cambiar la actitud de los demás, pero podemos elegir ignorarlas, indiferencia pura y dura, no entrar al juego (que sin nosotros ellos no saben jugar a nada, se necesitan dos para jugar a ésto, y si uno es indiferente al juego….están solos), así que, no aceptar esos regalos, como quien ignora lo que no tiene valor, lo que no aporta nada y no caer en la provocación. ¿se os ocurre algún ejemplo en donde podáis aplicar las enseñanzas del maestro samurai? Seguro que alguno hay, verdad?……y ¿que hacéis con el regalo, no lo aceptáis, lo devolvéis, lo cogéis?….

Cuentos para pensar Rincones

Querer o amar. El principito

22 mayo, 2016
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……………….– El principito –

-“Te amo” – dijo el principito…
-“Yo también te quiero” – dijo la rosa.
-“No es lo mismo” – respondió él…
“Querer es tomar posesión de algo, de alguien. Es buscar en los demás eso que llena las expectativas personales de afecto, de compañía…Querer es hacer nuestro lo que no nos pertenece, es adueñarnos o desear algo para completarnos, porque en algún punto nos reconocemos carentes.
Querer es esperar, es apegarse a las cosas y a las personas desde nuestras necesidades. Entonces, cuando no tenemos reciprocidad hay sufrimiento. Cuando el “bien” querido no nos corresponde, nos sentimos frustrados y decepcionados.
Si quiero a alguien, tengo expectativas, espero algo. Si la otra persona no me da lo que espero, sufro. El problema es que hay una mayor probabilidad de que la otra persona tenga otras motivaciones, pues todos somos muy diferentes. Cada ser humano es un universo. Amar es desear lo mejor para el otro, aún cuando tenga motivaciones muy distintas. Amar es permitir que seas feliz, aún cuando tu camino sea diferente al mío. Es un sentimiento desinteresado que nace en un donarse, es darse por completo desde el corazón. Por esto, el amor nunca será causa de sufrimiento.
Cuando una persona dice que ha sufrido por amor, en realidad ha sufrido por querer, no por amar. Se sufre por apegos. Si realmente se ama, no puede sufrir, pues nada ha esperado del otro.
Cuando amamos nos entregamos sin pedir nada a cambio, por el simple y puro placer de dar. Pero es cierto también que esta entrega, este darse, desinteresado, solo se da en el conocimiento. Solo podemos amar lo que conocemos, porque amar implica tirarse al vacío, confiar la vida y el alma. Y el alma no se indemniza. Y conocerse es justamente saber de vos, de tus alegrías, de tu paz, pero también de tus enojos, de tus luchas, de tu error. Porque el amor trasciende el enojo, la lucha, el error y no es solo para momentos de alegría.
Amar es la confianza plena de que pase lo que pase vas a estar, no porque me debas nada, no con posesión egoísta, sino estar, en silenciosa compañía. Amar es saber que no te cambia el tiempo, ni las tempestades, ni mis inviernos.
Amar es darte un lugar en mi corazón para que te quedes como padre, madre, hermano, hijo, amigo y saber que en el tuyo hay un lugar para mí.
Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor, es abrir el corazón y dejarse amar.”
-“Ya entendí” – dijo la rosa.
-” No lo entiendas, vívelo” -dijo el principito.

~ Antoine de Saint-Exupéry —

Es difícil encontrar palabras para expresar de forma más clara y directa la diferencia entre querer y amar, términos parecidos, pero no iguales. A través del principito (libro que todos deberíamos haber leído y releído en nuestra vida, o más bien poseer como un tesoro de enseñanzas, en nuestra colección de tesoros de vida), Antoine de Saint-Exupéry nos muestra la diferencia que marcan las palabras cotidianas que usamos, a veces sin darle importancia al término (te quiero, te amo) pero siendo importante que conozcamos las diferencias que existen entre ellas, porque las hay. Si nos paramos a reflexionar, y leemos nuevamente el fragmento, nos damos cuenta de las grandes diferencias pues, en ocasiones es difícil amar, pero no querer, y cuando amas de verdad, tú vida cambia, esa incondicionalidad tan pura, se queda contigo para siempre………

Cuentos para pensar Rincones

Grietas de vida

5 mayo, 2016
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Hace tiempo leí este cuento, un cuento que me parece muy ilustrativo y con el que trabajo mucho. Cambiar el enfoque de nuestra mirada, para valorar que hasta lo que pensamos que es negativo o feo en nosotros, puede ser hermoso, y un tesoro….si lo miras con otros ojos, con los ojos de la oportunidad de aprender, de aprender de la vida.

Cuento tradicional de la india
Un hombre cargador de agua (aguador) de India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón; en cambio cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección, y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la vasija quebrada le hablo al aguador:
-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”

El aguador le dijo compasivamente:
-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la vasija. Y en efecto, vio muchísimas flores a lo largo del trayecto. Sin embargo se sintió apenada porque solo quedaba dentro suyo, la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:
-“¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y durante dos años, yo he podido recoger estas flores. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

 

Según este cuento;

“Todos tenemocuento-tinajas grietas”. «todos somos vasijas agrietadas». Que afirmación más cierta, y en ocasiones, más dura. Pero es que, todos somos «vasijas» con grietas, o «heridas», venidas por diferentes circunstancias;  por entregarnos al amor y no ser correspondidos, por la pérdida de seres queridos, por sentir ese dolor tan «que te rompe», por la inexperiencia, por nuestro carácter, …..esas grietas nos hacen únicos, son una marca más de haber pasado por la vida. Todas esas grietas, encajan como un puzle, formando una parte importante de nuestro ser, que en ocasiones nos define emocionalmente (sensibilidad, vulnerabilidad, entrega, pasión, dolor, rabia, …), y cuando alguien nos quiere conocer de verdad, debe mirar ahí.

Sin embargo, en ocasiones, miramos esas grietas como algo que nos afea, que nos avergüenza (lo escondemos para que nadie lo vea), pero, como hace el aguador con su vasija rota, no hemos de mirar esas grietas como algo negativo que nos hace peores que el resto, o que nos puede hacer sentir vergüenza, pues, si somos capaces de ver esas grietas como una virtud, a la que se le puede sacar la parte positiva, habremos hecho crecer muchas flores en nuestro lado del camino. Ese camino que nos recuerda a todos, nuestra vulnerabilidad,  nuestra parte de humanidad…. Los fallos, los errores, y sobre todo las heridas (las marcas de dentro) que éstas dejan,  nos pueden hacer más fuertes, y sensibles. Como un regalo de vida dado, para aprender de ellas, para sacar una lección de vida, y crecer de una forma más plena.

 Mario Benedetti dijo en una ocasión que “la perfección es una pulida colección de errores”. Cada vez que caemos y volvemos a levantarnos, nos rehacemos, nos convertimos en una persona nueva, con más experiencia. Y esas grietas, son parte de esa experiencia nueva de vida.

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