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Cuentos para pensar Rincones

Grietas de vida

5 mayo, 2016
cuento-grietas

Hace tiempo leí este cuento, un cuento que me parece muy ilustrativo y con el que trabajo mucho. Cambiar el enfoque de nuestra mirada, para valorar que hasta lo que pensamos que es negativo o feo en nosotros, puede ser hermoso, y un tesoro….si lo miras con otros ojos, con los ojos de la oportunidad de aprender, de aprender de la vida.

Cuento tradicional de la india
Un hombre cargador de agua (aguador) de India tenía dos grandes vasijas que colgaban a los extremos de un palo y que llevaba encima de los hombros. Una de las vasijas tenía varias grietas, mientras que la otra era perfecta y conservaba todo el agua al final del largo camino a pie desde el arroyo hasta la casa de su patrón; en cambio cuando llegaba, la vasija rota solo tenía la mitad del agua.
Durante dos años completos esto fue así diariamente, desde luego la vasija perfecta estaba muy orgullosa de sus logros, pues se sabía perfecta para los fines para los que fue creada. Pero la pobre vasija agrietada estaba muy avergonzada de su propia imperfección, y se sentía miserable porque solo podía hacer la mitad de todo lo que se suponía que era su obligación.

Después de dos años, la vasija quebrada le hablo al aguador:
-“Estoy avergonzada y me quiero disculpar contigo porque debido a mis grietas solo puedes entregar la mitad de mi carga y solo obtienes la mitad del valor que deberías recibir.”

El aguador le dijo compasivamente:
-“Cuando regresemos a la casa quiero que notes las bellísimas flores que crecen a lo largo del camino”. Así lo hizo la vasija. Y en efecto, vio muchísimas flores a lo largo del trayecto. Sin embargo se sintió apenada porque solo quedaba dentro suyo, la mitad del agua que debía llevar.

El aguador le dijo entonces:
-“¿Te diste cuenta de que las flores solo crecen en tu lado del camino? Siempre he sabido de tus grietas y quise sacar el lado positivo de ello. Sembré semillas de flores a lo largo del camino por donde vas y todos los días las has regado y durante dos años, yo he podido recoger estas flores. Si no fueras exactamente como eres, con todo y tus defectos, no hubiera sido posible crear esta belleza.”

 

Según este cuento;

“Todos tenemocuento-tinajas grietas”. «todos somos vasijas agrietadas». Que afirmación más cierta, y en ocasiones, más dura. Pero es que, todos somos «vasijas» con grietas, o «heridas», venidas por diferentes circunstancias;  por entregarnos al amor y no ser correspondidos, por la pérdida de seres queridos, por sentir ese dolor tan «que te rompe», por la inexperiencia, por nuestro carácter, …..esas grietas nos hacen únicos, son una marca más de haber pasado por la vida. Todas esas grietas, encajan como un puzle, formando una parte importante de nuestro ser, que en ocasiones nos define emocionalmente (sensibilidad, vulnerabilidad, entrega, pasión, dolor, rabia, …), y cuando alguien nos quiere conocer de verdad, debe mirar ahí.

Sin embargo, en ocasiones, miramos esas grietas como algo que nos afea, que nos avergüenza (lo escondemos para que nadie lo vea), pero, como hace el aguador con su vasija rota, no hemos de mirar esas grietas como algo negativo que nos hace peores que el resto, o que nos puede hacer sentir vergüenza, pues, si somos capaces de ver esas grietas como una virtud, a la que se le puede sacar la parte positiva, habremos hecho crecer muchas flores en nuestro lado del camino. Ese camino que nos recuerda a todos, nuestra vulnerabilidad,  nuestra parte de humanidad…. Los fallos, los errores, y sobre todo las heridas (las marcas de dentro) que éstas dejan,  nos pueden hacer más fuertes, y sensibles. Como un regalo de vida dado, para aprender de ellas, para sacar una lección de vida, y crecer de una forma más plena.

 Mario Benedetti dijo en una ocasión que “la perfección es una pulida colección de errores”. Cada vez que caemos y volvemos a levantarnos, nos rehacemos, nos convertimos en una persona nueva, con más experiencia. Y esas grietas, son parte de esa experiencia nueva de vida.

Capturando Cuentos para pensar Para To2 Rincones

Ante la adversidad, ¿ZANAHORIA, HUEVO O CAFÉ?

27 abril, 2016
huevo

Es difícil en esta vida, no haber pasado por ser «zanahoria»,  «huevo», o …….»café», pero el problema no radica en como afrontamos, «simbólicamente», en un momento determinado la adversidad, sino en, que hemos aprendido de ello, y como podemos cambiarlo, transformarlo……para dejar salir lo mejor de nosotros.

En mi trabajo, y también en mi vida personal , utilizo mucho el recurso de las metáforas y los cuentos para explicar, de un modo indirecto, algo que no se puede explicar de un modo explicito (por la capacidad de comprensión, según su edad, de los menores -por ejemplo, la muerte, el duelo, la resiliencia….), o por las resistencias a las intervenciones directas de algunos jóvenes, o familias (porque a veces no nos abrimos ante los problemas, todo lo contrario, nos cerramos y mucho), o por la facilidad de ver en el otro (el personaje del cuento o metáfora) algo que me puede estar pasando a mi, o a alguien cercano a mi, y eso me permite reflexionar, sin presiones, sintiéndome libre, etc.

Subiré al blog, de vez en cuando, cuentos para pensar y reflexionar, pues a mi, personalmente, me sirven mucho en el día a día, y espero, y deseo, que a vosotros también os puedan servir.

La historia de la zanahoria, el huevo y el café
«Érase una vez la hija de un viejo hortelano que se quejaba constantemente sobre su vida y sobre lo difícil que le resultaba ir avanzando. Estaba cansada de luchar y no tenía ganas de nada; cuando un problema se solucionaba otro nuevo aparecía y eso le hacía resignarse y sentirse vencida.
El hortelano le pidió a su hija que se acercara a la cocina de su cabaña y que tomara asiento. Después, llenó tres recipientes con agua y los colocó sobre fuego. Cuando el agua comenzó a hervir colocó en un recipiente una zanahoria, en otro un huevo y en el último vertió unos granos de café. Los dejó hervir sin decir palabra mientras su hija esperaba impacientemente sin comprender qué era lo que su padre hacía. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café.
Miró a su hija y le dijo: «¿Qué ves?”. «Zanahorias, huevos y café», fue su respuesta. La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Le quitó la cáscara y observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su dulce aroma. Humildemente la hija preguntó:

«¿Qué significa esto, papá?»

Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo. Pero habían reaccionado en forma muy diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. El café sin embargo era único; después de estar en agua hirviendo, había cambiado el agua.
«¿Cual eres tú?», le preguntó a su hija. «Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿Cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido, te has vuelto dura y rígida? Por fuera eres igual pero, ¿cómo te has transformado por dentro?
¿O eres como el café? El café cambia el agua, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren».

Y tú, ¿Cuál de los tres eres?”

En la vida nos enfrentamos a circunstancias que no podemos cambiar. Lo único que podemos hacer es decidir cómo afrontarlas. Tal vez hoy sea uno de esos días en que el agua está hirviendo y comenzamos a sentir mucho calor… Tú puedes elegir si quieres ser zanahoria, huevo o café. Si quieres dejarte arrastrar por las dificultades que encuentras en tu camino y perder tu fuerza debilitándote y dándote por vencido (zanahoria). Si quieres aprender de esas dificultades y retos y crearte una coraza a tu alrededor como mecanismo de defensa, mostrándote aparentemente más resistente pero habiendo perdido tu esencia (como el huevo). Si quieres aprovechar esas situaciones para transformarte y transformar lo que hay a tu alrededor dejando salir tu verdadero YO, lo que te hace único, lo que puede enriquecer a los demás, lo mejor de ti, ese café que hay en ti……  ¿Tú qué eliges?

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